EL PAPEL

10 Marzo 2011

Teatro invisible

Tags:Sociedad Mujer Justicia Derechos Experimento

Claudia Ramírez

 

Primera llamada:

Por las mañanas, cuando la atmósfera del transporte público es la de una lata de sardinas, las mujeres solemos ser objeto de agresiones que van desde las formas más burdas de acoso hasta graves abusos de tipo sexual. Miradas que incomodan, comentarios guarros, el exhibicionismo súbito que te hace imposible volver a tu lectura, contacto físico lascivo e innumerables insinuaciones sexuales.

Segunda llamada:

En esta ocasión se nos ocurrió llevar a cabo una demostración de teatro en un vagón del metro de la ciudad de México.

El Teatro invisible es una forma de denuncia social y política en la que los actores –sin revelar su condición de intérpretes– se apropian de un lugar público: la calle, la plaza, la iglesia... para presentar una situación que nos afecta y que se repite con frecuencia en la vida cotidiana, con el fin de provocar una reacción en el público y generar conciencia colectiva.

Tercera llamada:

¡Que comience la función!


Acoso sexual: una obra en tres actos


Personajes:

- Mariana, víctima
- Carlos, acosador
- Lucía, usuaria
- Daniel, usuario
- Policía, payaso de la obra


Son las ocho de la mañana y nos encontramos en la línea 3 del metro de la ciudad de México, en la estación Centro Médico, dirección Universidad. El vagón está a reventar y los usuarios –nuestro público– luchan para ingresar. Después de patadas, jalones y empujones, la gran ola humana desafía las leyes de la física y logra entrar a un vagón atestado. Sólo los más débiles e ingenuamente amables (que no gritan, no patean y no se empujan) esperan el siguiente convoy. Mientras tanto, nuestros actores fingen no conocerse y entran por distintas puertas.

 

Primer acto:

Una mano coge el trasero de Mariana. Exaltada, pela los ojos y grita: "¡Me agarraron la nalga!" Inmediatamente identifica a su agresor y comienza a insultarlo. Busca con la mirada la complicidad de dos testigos varones pero ellos agachan el rostro: son indiferentes, no hacen ni dicen nada. Nuestros actores, Lucía y Daniel, se aproximan al agresor y lo agarran por los hombros, le sugieren a Mariana llevarlo con las autoridades para denunciarlo. Dos usuarias apoyan con emotividad la idea de denunciar al acosador.


Usuaria 1: ¡Si ellos te van a ayudar, que se lo lleven a ver si así se le quita lo mañoso!

Usuaria 2: ¡Sí mija, llévenselo! ¡Una ya está harta de viejos puercos como éste!


La tensión se incrementa. El resto de los usuarios escucha, mira con desconcierto, ignora. Algunas prosiguen con su maquillaje matutino, otros roncan o regresan a la sección soft porn del periódico.


Segundo Acto:


El tren llega a la siguiente estación, se abren las puertas y entra un policía con zapatos de payaso. A Mariana se le nota insegura, cada vez más temerosa a medida que se aproxima el policía.

Policía: ¿Qué pasó?

Mariana: Pues es que… yo estaba aquí parada, voy rumbo a la escuela y este cabrón me agarró… me agarró la nalga.

Carlos: ¡Qué pedo! Yo ni sé porque me agarran. ¿Cómo, porqué? ¡Yo no le agarré ni madres a esta vieja!


Tercer acto:


Nuestro policía confronta al agresor y cuestiona en tono intimidante a Mariana.

Policía: ¿Qué quieres hacer? Si quieres le damos una madriza allá afuera. Lo puedes demandar pero va a ser muy tardado. Tienes que llamarle a alguien para que te acompañe, tenemos que llevar tu caso a la delegación y se va a tardar muchas horas. Fácil, vas a estar saliendo como a las cuatro de la mañana. Piénsalo bien, porque por esto a este pobre muchacho baboso le pueden dar unos seis meses en la cárcel, ¿y a poco tú te vas a quedar con ese cargo de conciencia sólo porque te agarró la pompi? Le vas a desgraciar la vida en un reclusorio y tú tienes que ir a firmar cada quince días. Si no vas, al rato él te puede demandar a ti.

Yo diría que mejor le otorgaras el perdón. Si decides denunciarlo te tengo que acompañar en todo el proceso y yo qué culpa tengo. Tengo esposa y cuatro chavitos. ¡Imagínate la que se me arma con mi vieja si llego a las cuatro de la mañana!

Finalmente, Mariana es persuadida por nuestro policía payaso y le otorga el perdón a su agresor. Después de la tensión, nuestro público, consternado, suelta unas cuantas carcajadas.


Coro: En teoría, el acoso sexual tiene repercusiones legales y es penalizado como “abuso sexual”. El agresor puede obtener su libertad bajo una fianza que oscila entre los 10 mil pesos o cumplir su condena en prisión si el juez así lo determina. En la práctica, la corrupción de las autoridades y la ambigüedad en la aplicación de la ley es la norma. Muchas mujeres no hacen uso de sus derechos: las cifras varían, pero de cada seis agresiones que se reportan al día, sólo dos se denuncian. La seriedad del problema no es recíproca respecto a la incidencia de los casos y es a veces un asunto menor entre las autoridades. El deseo de una sociedad que erradique las agresiones contra las mujeres no es, quizá, un tema exclusivamente legal.

En nombre de todas las mujeres, fue un placer, gracias.

Se escuchan los aplausos… algunos más tímidos que otros. Aplausos, a fin de cuentas.

 

Fin

 

*Ilustración: Sr. Calavera.