EL PAPEL

05 Agosto 2011

Sexo bajo tierra

Tags:Sexo Sociedad Tabú Pareja

Leopoldo Lugo

Ubicado al sur de la ciudad de México, Casa SW es uno de los clubes más famosos de la capital; desde el 2008, bajo la dirección y organización de Mauricio Álvarez, abrió sus puertas a todo tipo de fantasía erótica. Él describe la casa como “un lugar donde confluyen el erotismo, la diversión y la discreción, que se creó a partir de la inquietud de encontrar un espacio lleno de confort y seguridad en donde exista la libertad de experimentar nuevas sensaciones y de conocer el propio cuerpo mediante la estimulación de otros. Cuando entras, dejas en la puerta cualquier tipo de tabú sexual”.

La emoción se contiene, pero los nervios se dejan ver con el sudor de las parejas o de los hombres y mujeres solos que llegan a esta casa por primera vez; muchos de ellos sin saber qué pueden encontrar. Los tragos comienzan a fluir lentamente, y lo único que se puede ver son los cigarros que deambulan de un lugar a otro parándose casualmente en algún rincón en donde encuentran compañía. La plática fluye lenta, nerviosa. —¿Es su primera vez?, pregunta un hombre a una pareja que se encuentra aislada, —Sí, responden nerviosos… y así comienza el cortejo.

La voz del anfitrión rompe el silencio y da la bienvenida: “Mi nombre es Mauricio, bienvenidos a Casa SW, en donde las fantasías se hacen realidad sin importar cuáles sean”. Entre sonrisas y el sonido de vasos que chocan entre sí, el anfitrión advierte la regla de oro dentro de este círculo: “No es no y nadie pregunta por qué... teniendo esto en cuenta, que comience la fiesta y recuerden que hoy es noche de orgía”.

“Cada una de las noches en este lugar es diferente, las fiestas son temáticas y tenemos distintos juegos y áreas destinadas a los asistentes. En la parte de arriba tenemos tres cuartos oscuros en donde las parejas pueden entrar y hacer lo que quieran. Muchas de las personas que nos visitan no participan, sólo se dedican a ver lo que sucede o a autosatisfacerse”, nos cuenta el director. Cuando los juegos terminan, el campo de batalla es una cama, en donde hombres y mujeres se dejan seducir por igual y se olvidan de las miradas curiosas que no participan pero se excitan. Al parecer esto es un juego, un pasatiempo para experimentar, para explorar tu cuerpo y aprender que la fidelidad no está en los genitales, sino en la mente. “Muchas personas creen que estamos enfermos, que algo en nuestra cabeza no está bien, pero de lo que no se dan cuenta es que cada día más parejas tratan de salir de la rutina y se permiten buscar nuevos caminos y dar rienda suelta a sus deseos”, afirma Mauricio.

El espectáculo termina y las parejas aún desnudas toman un trago, se acarician y platican entre ellos, se conocen e intercambian teléfonos para regresar juntos o para volverse a ver.

Se han hecho muchas hipótesis acerca de cómo surgió el movimiento; la más aceptada cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos surgió el llamado “cambio de esposas” cuando un grupo de la fuerza aérea y sus cónyuges aceptaron el principio de no fidelidad. Éste se extiendió a parejas no militares y durante los años sesenta comenzaron a organizarse las primeras fiestas que derivaron una década después en clubes permanentes. Esta corriente llegó a México a principios de los años noventa, cuando el señor Pedro López (e.p.d.) fundó el primer club de este tipo llamado simplemente Club SW, que permanece abierto hasta nuestros días.

Las Princesas del Gang Bang

En otro punto de la ciudad, la noche comienza con la recepción de Ivonne y otras dos chicas que visten prendas seductoras. “Me llamo Ivonne. Tengo 24 años de edad y desde hace tres me dedico a hacer gang bang. Es algo que me gusta; me encanta el sexo y satisfacer a los hombres. No lo hago por dinero, lo hago porque me gusta”. Este juego es simple: sexo, sólo sexo. Puede ser oral, vaginal, anal, con doble penetración o un gang bang en donde un grupo de hombres interactúa al mismo tiempo con una mujer.

“El sw es una forma de vida, es libertad con tu pareja. La gente en nuestro país aún no está preparada para esto. Prefieren llenar su cabeza de morbo viendo noticieros y leyendo el periódico, porque los muertos y decapitados son más "sanos" que disfrutar de tu cuerpo y de tu sexualidad...", opina Mauro, director del recinto "Las Princesas del Gang Bang".

Aquí no hay cuartos oscuros ni privados, los sillones y un colchón que yace en medio de la pista son el lugar ideal para que las caricias y las mordidas se dejen sentir sin importar quién participa o quién prefiere mirar. Aquí el sexo es libre. “A diferencia de Casa SW y otros clubes del centro del país, aquí recibimos a cualquier persona sin importar edad, posición económica o estrato social; claro que nos reservamos el derecho de admisión, pero eso es en cualquier lugar. Si llegas con aliento alcohólico no puedes entrar. Tratamos de ser exigentes en ese aspecto: aquí no vienes a emborracharte, vienes a conocer, a disfrutar y a reír”, dice Mauro con seriedad.

La velada termina poco después de medianoche; algunos se despiden y otros simplemente platican. "No sólo es sexo. En este lugar conoces gente, haces amigos, te diviertes, ríes, y lo mejor de todo es que aprendes a conocerte a ti mismo y a tu pareja".

—¿Y esto no es infidelidad?, le pregunto a Mauro antes de salir. Su respuesta es tajante: —No, esto se llama complicidad.

La psicología y la industria del sexo

José de Jesús González Salazar

Desde que el psiquiatra alemán Krafft–Ebing publicó en 1886 el libro Psicopatía Sexual, han surgido muchas clasificaciones para hablar de los comportamientos sexuales que no se limitan al coito heterosexual. Actualmente, la premisa científica de las diversas expresiones del erotismo la tiene el llamado DSM IVR (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos), en donde bajo el nombre de “parafilias” se enlistan las conductas consideradas patológicas, —cabe señalar que en esta misma lista se tenía registrada a la homosexualidad, hasta que en 1986 se acordó que ésta no era una enfermedad—.

Si bien es comprensible la necesidad de tener referencia de cuándo una conducta sexual puede ser perjudicial, no debemos estigmatizar la diversidad del erotismo desde la limitada visión de una sexualidad hetero, monógama y principalmente destinada a la reproducción. Desde un enfoque humanista, mientras exista un acuerdo entre los participantes y se limiten los riesgos a la salud física y a la integridad emocional, todo se vale.

¿Cómo saber si un placer erótico se ha convertido en un problema? Calificándolo del mismo modo que si trabajaras mucho o vieras mucha televisión; de ser así, necesitarías aprender a regular esta conducta pero no a reprimirla, porque lo más probable es que exista culpa, y ésa con la información correcta se desvanece.

¿Cuánto vale?

Marco Camarillo

Una buena descripción de un mercado debe contener, al menos, un acercamiento a la oferta y a la demanda; el mercado del sexo no debe ser diferente, aunque las razones que están detrás de los consumos se antojen jocosas, íntimas o todo un tabú. Ambas partes del mercado determinan el tamaño de la industria, los precios, la calidad, los colores y sabores.

La demanda está integrada por todas aquellas personas que tenemos algún tipo de actividad sexual, desde el playboy y la prostituta que encuentran en las parafilias un lugar común, hasta el joven que frente a una revista porno comienza a explorar su sexualidad, pasando por las escuelas donde se destina parte del tiempo a la educación sexual, los condones y las famosas sex shop.

Los determinantes de la demanda del mercado se pueden encontrar tanto en los gustos de las personas, como en los ingresos y precios de los consumidores, los cuales nos llevan a una amplia gama de características.

La oferta de productos vinculada al sexo es tan variada como lo dicta la demanda; es decir, tan variada como los gustos de las personas. Aunque el mercado está muy atomizado, destacan las publicaciones impresas y los centros de distribución en tiendas, pero sin duda, uno de sus mayores segmentos se ubica en la prostitución, donde según la Organización Internacional del Trabajo, tan sólo en 2010 había 12 millones de personas dedicadas a esta actividad, generando un mercado directo con un valor de 9 mil millones de dólares. Para el caso de México no hay cifras oficiales, pero se reconoce que existe un problema social creciente dentro de esta actividad, sobre todo por la prostitución forzada.